La defensa uruguaya volvió a jugar un buen partido, pero hay ciertas señales que generan algo de preocupación. Una de ellas, si no la principal, es la actualidad del capitán Diego Lugano. Nadie duda lo que significa para el grupo por su don de mando, por lo que influye anímicamente en sus compañeros y, más aún, en los rivales, pero parece salir a cada partido ya amonestado y jugarlo al borde de la roja. Para peor, su nivel está lejos de aquel que mostró durante las Eliminatorias y cuando no juega y entra Mauricio Victorino, da la sensación de mayor solvencia.
La figura de Diego Godín se agiganta cuando conforma la dupla de zagueros con Lugano, pues con su velocidad salva muchas filtraciones que sufre el capitán a sus espaldas. No obstante, debe decirse que ayer el capitán tuvo cierres muy buenos.
Con Victorino detrás suyo y Sebastián Coates pidiendo a gritos una convocatoria para la Selección en base a los grandes rendimientos que tiene cada fin de semana en el torneo local, da la sensación de que Lugano deberá cuidar mucho más el puesto. Esos excesos que lo llevan a cometer durísimas faltas y a poner en riesgo la permanencia del equipo con 11 futbolistas, a lo que se suma que futbolísticamente ha bajado, lo ponen cada vez más en el centro de atención. Una expulsión en alguno de los partidos oficiales no sólo le pueden costar la suspensión, sino también la titularidad.
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